"desea el hombre una cosa, le parece un mundo,
luego que lo consigue, tan sólo es humo"

jueves, 19 de mayo de 2011

Qué, me hago un twitter?

Que sí, que estoy allí, que me acerco a la Plaza y la tomo con ellos. Que sí, que el domingo estuve también, en eso que decían que era una manifestación y más me pareció una rúa de fiesta mayor. Que sí, que llegué a la Ciutadella y me (re)indigné. Me (re)indigné porque resulta que ya lo estaba, que ya llevo un tiempito con esto dentro, con la rabia dentro, saliendo a ratitos, a borbotones. Que resulta que me volví a indignar porque parece que no se podía ir hacia el Parlament a expresar esa rabia porque éramos unos alborotadores, porque íbamos a romper la mani, un poco como ciertos militantes de CCOO que se pusieron un poquito tensos el día anterior, en la mani del 14. Que tienen miedo al desborde, que tienen miedo de salirse de la legalidad, que piden..., que piden qué? 
Y a río revuelto, todo son pescadores. 
Lo reconozco, tengo emociones y sensaciones encontradas; tengo críticas y dudas, muchas. Pero volveré a ir, volveré a acercarme, a hablar con mi gente, a pensar con ella, a ver qué podemos hacer, a ver qué sale de todo esto. Y mi gente es la que conozco, con la que comparto y he compartido proyectos, luchas, asambleas y abrazos, muchas cosas, quizá pequeñas, no sé si grandes. Y los de la plaza también son mi gente pero hay momentos, algunos, que no los siento así, porque no puedo sentir míos según que discursos, según que palabras, según que formas. Y quizá llegue y me emocione. Un poquito, mucho, qué se yo. O puede que me vaya sulfurado, algo nervioso y tensionado. Porque se escuchan muchas cosas, se ven muchas cosas. Se ve mucha gente. Y somos muchos los que estamos allí porque queremos que pase algo, porque esperábamos que pasara algo. No sé si esto será el principio de algo, quizá todo son principios. Por ahora es todo muy expresivo, muy 2.0; qué, me hago un twitter?

lunes, 13 de diciembre de 2010

De luto

De luto está la música, el flamenco, el compromiso, la honestidad y el atrevimiento. Llorando porque se fue, porque se ha ido uno de los más grandes, porque siento que calla una de las mejores voces del cante, ese que "empieza a nacerle a uno de eso, de oír cantar a los demás en su pueblo, de oír cantar a la gente en su tierra. Grupos de gentes que los oyes que se reúnen en una taberna y que empiezan a cantar y que los oyes tú y que empiezas a cantar también: oyes que en las fiestas familiares todo el mundo canta y todo el mundo bebe, todo el mundo baila y... aparte de eso, resulta que, claro, necesitas una técnica, necesitas una escuela, necesitas aprender. Para eso, lo que te hace falta... la principal ayuda es la afición; y después, el sentido para saber de quién hay que aprender y de qué fuentes, dónde está lo bueno. Entonces te vas como yo me he ido".
Y sí, se ha ido, pero es que "las penas las llora el flamenco con mucha alegría (...). Estás cantando unas sevillanas de lo más alegres y las letras pueden ser un drama total, pero debe servir también para denunciar cualquier injusticia".
"Ya sé que esto lo pensarán muchos, que yo he traicionado ciertas normas, ciertas costumbres..., pero creo que un cantaor, en un momento dado, puede ser consciente de cosas y de realidades de la vida, como lo puede hacer cualquier persona; entonces, lo que sería falso y traicionero, desde luego, es no cantar a partir de este momento ciertas cosas de la vida, no cantar según veo las cosas que pasan en el mundo. (...) Antes... yo formaba parte, como ahora, naturalmente, del pueblo, pero antes no era consciente de las cosas y ahora sí lo soy. Y, desde luego, yo pienso que sí, que yo estoy más cerca del pueblo que nunca por dos cosas: primero, porque pertenezco al pueblo, y segundo, porque soy consciente y quiero ser y estar con el pueblo, y lo que quiero hacer lo quiero hacer en pro del y para el pueblo." ("Enrique Morente", Triunfo, 28 de noviembre de 1970)
Gracias y que la tierra te sea leve...

lunes, 6 de diciembre de 2010

Lo sigo diciendo...

Yo no soy de esta tierra, ni conozco a nadie. Estamos asistiendo a una perfecta escenificación, que se sabía aplaudida de antemano. Del discurso antisindical por un derecho al trabajo que nos defendían patronal, clase política institucional y voceros mediáticos, nos vamos a la militarización, al estado de alarma, a la negación de derechos constitucionales a un colectivo que dicen que defendía privilegios, que ha privado de vacaciones a cientos de miles de personas. A golpe de galón, a punta de pistola, con ordeno y mando nos clavan la privatización, el recorte de derechos, el que esta medida siente jurisdicción, un aviso a navegantes a todos los enemigos de España. Pero qué pasa, qué está pasando, somos conscientes o qué. Que no, que ya no es de boquilla, que los sacaron a la calle, que nos han puesto bajo la bota militar, que la que se nos viene encima no es chica. Que llevan tiempo envalentonados, que estamos perdiendo mucho terreno, que vamos a normalizar lo que no está escrito... Que no, que no me sale más que rabia, bilis, que qué hacemos: que eso, que o nos echamos al monte o a la calle!!!

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Madrid

Definitivamente, Madrid es una ciudad de contrastes. Es una ciudad segregada socialmente -como todas, no nos engañemos-, pero donde te puedes topar, en ese mismo centro urbano gentrificado como tantos otros, con la tabernilla de barrio que muchos soñamos, allí donde tomarte una caña, con su respectiva tapa, por un euro o poco más. Allí donde, pese a la sordidez del lugar -o quizá precisamente por eso-, también te encuentras con el moderno que de tanto que lo es ya está un poco pasaíllo. Es una ciudad también donde, por ejemplo, en el edificio de la COPE, al ladito del Retiro, el Banco de España o el Paseo de Recoletos con su Plaza Colón y su inmenso banderón, exhiben, en una mesita que está nada más pasar el control de entrada -una tontería en comparación con la obsesión securitaria que impregna la Biblioteca Nacional de esta España plural que dedica un homenaje en las paredes de su Salón General a un tal Raimundo Lulio-, varios ejemplares de periódicos. En concreto, frente a frente, Público y La Gaceta. Otros días estaba El Periódico de Catalunya, en castellano, rivalizando con el ADN. Todo ello bajo la atenta mirada de los tertulianos que "debaten" en el programa matutino de Popular TV, que cede parte de su espacio de pantalla a seguir el programa que, en paralelo, se está retransmitiendo, algunas habitaciones más allá, desde la emisora Episcopal. Por si esto no fuera poco -tampo es tanto, la verdad-, el otro día estuve en mi primera manifestación con Rosa Díez, y unos cuantos seguidores de su rosáceo partido -increíble el merchandising, desde paraguas a camisetas y fulares; incluso vi un palestino rosinegro- y, eso me enteré después, con Esteban González Pons. También estaba la progresía, claro; esa que no puede hablar porque resulta que no es experta. Una manifestación donde se coreaban, aparte de algunas otras cosas bastante más de mi agrado, "España hermana, el Sáhara reclama". Pues quizás, ya puestos, hubiese sido mejor que fuera prima, por aquello del "cuanto más se arrima". En todo caso, sigo sin tenerlo muy claro. Como tampoco me ilumina mucho el juicio que un histórico militante libertario madrileño me diga que lo bueno que tenemos en Barcelona, y por extensión Catalunya, sea el nacionalismo. En todo caso, tenía razón en algo, que tenemos una tradición de lucha impresionante, potentísima, que ya la quisiéramos nosotros, me decía. Y también, ahí empecé a entender algo más, que lo que le interesaba del nacionalismo era la idea de generar identidades colectivas, que eso estaba detrás de su militancia en Vallecas, primero en los clubs juveniles de finales de los 60, luego en el Ateneo Libertario ya en los 70, de ahí a la librería colectiva "El Bulevar", pasando después por Onda Verde Vallecana y Radio Vallecas; que si el símbolo de la K, que si "Los Hijos del Agobio", el tema ecologista, el feminista, los Festivales de Rock, la Batalla Naval y el "Vallekas, puerto de mar". Y ahí pensé que ya me gustaría a mí esa tradición aunque siga sintiendo lo que ya dije un día, "yo no soy de esta tierra ni conozco a nadie". Al final, quizá me quedo con la sencillez, la claridad y la contundencia de las cosas aquí en Madrid, para lo bueno y para lo malo, con muchas menos medias tintas que allende el Ebro. Me quedo, finalmente, con la frase que soltó un vecino de Orcasitas en Radio Nacional de España en 1970: "¿Cómo es posible que mientras el hombre llega a la Luna, nosotros en Orcasitas tengamos que cagar en una lata?"

lunes, 4 de octubre de 2010

Comunicado urgente y conjunto de Mujeres Agitando y Minoría Mosqueá

Compañeros y compañeras,

En el día de hoy, 2 de octubre de 2010, las integrantes de Mujeres Agitando y Minoría Mosqueá –representada en Debla– queríamos estar en este espacio, unidas al resto de compañeros para ofreceros un abrazo alegre y combativo, para reflexionar con todas vosotras sobre la Revolución, para invitaros a pensar juntos sobre su venta, para vestiros, desvestiros y transvestiros, para agitaros, para daros la palabra, para romper muros y fronteras, para no ser con papeles, para perder los papeles, para danzar con los textos, para tintarnos las manos, para gritar y susurrar, para liberarnos entre todas porque juntas lo podemos todo.
Debido a los últimos acontecimientos acaecidos en la ciudad de Barcelona, a los que no hemos sido ajenas, en las que nos hemos hundido hasta mancharnos, donde nos hemos implicado hasta la rabia, la tristeza, la solidaridad y el entusiasmo, hoy no podemos acompañaros. Hemos sido dispersadas, apaleados, detenidas, desalojados, torturadas, culpados falsamente, vilipendiadas mediáticamente, insultados con palabras que nos parecen elogios en boca de fascistas, de falsarios de la izquierda institucional, de intelectuales que viven del pasado en el presente, de voceros que nos quieren acallar y pisotear, que quieren privatizar nuestros sueños, videovigilar nuestras vidas, normativizar nuestros cuerpos, encajonar nuestras actitudes, civilizar, democratizar… Nos hablaban del derecho al trabajo, de apretarnos el cinturón, de “esto lo arreglamos entre todos”, de que hacer una Huelga “era una gran putada”, de servicios mínimos maximizados, de que teníamos que volver a consumir, a hipotecarnos, de que volviéramos a confiar.
Respondimos críticamente a la convocatoria de una Huelga General. Supimos valorar la oportunidad, nos pusimos a trabajar entre todas, a crear espacios unitarios, a salvar límites y trabas políticas, hablamos en asambleas multitudinarias, nos organizamos en comités de barrio, aprendimos de las viejas militantes, de nuestras madres y de nuestros abuelos. Lo hicimos por dignidad, por rabia. No rehuimos el conflicto, lo encaramos. Nos preparamos y nos organizamos. Creamos, soñamos, nos unimos, accionamos y nos autogestionamos. Liberamos un espacio inmenso, nos reapropiamos de un Banco que tenía que convertirse en un hotel y en residencias de lujo. Y lo hicimos bailando, disfrazados, vestidos con boas y pelucas, con narices de payaso, a ritmo de charanga. Dijimos bien claro, bien alto, que la banca nos asfixia, la patronal nos explota, los políticos nos mienten, CCOO y UGT nos venden. También gritamos que aquello era, y quiere seguir siendo, una invitación a trabajar juntas. Participamos de l’Assemblea de Barcelona. También del Moviment del 25, nos reunimos con inmigrantes, con mujeres del trabajo doméstico, con putas, presentamos nuestros comités de barrio, hablamos con sindicalistas. Vivimos unos días de victoria, de entusiasmo, de energías renovadas. Volvimos a nuestros barrios y seguimos luchando y creciendo juntos. Reuniones, asambleas, llamadas, mails, pocas horas de sueño, tejiendo redes y solidaridades, conociéndonos, aprendiendo a vivir nuestra vida de una forma diferente, construyendo alternativas.
Piqueteamos, informamos, nos enfrentamos a esquiroles, nos abrazamos con otros compañeros, nos contábamos nuestras victorias y nuestros fracasos. Convergimos en Plaza Cataluña, la calle fue nuestra, las plazas fueron nuestras y allí estaba nuestra casa, abierta a todos, proyectando la jornada de Huelga sobre los edificios que nos rodeaban, dándonos bocadillos y agua para los que llevábamos horas en la calle, casi sin voz, cansados, pero exultantes. Éramos muchos. Somos millones y el planeta no es vuestro. Partimos a piquetear, a seguir con la lucha, a liberar ocupando nuevas calles. Ya sabíamos que teníamos detenidos, ya nos habían golpeado, ya nos habían disparado. En Madrid fueron un mínimo de siete tiros al aire. En Madrid fue un atropello con resultado de una mujer en coma. En Valladolid fueron cargas y detenciones brutales. En el Vallès fue un 100% de seguimiento de la Huelga. Cerramos industrias, paramos transportes. Hicimos lo propio con los comercios.
Y todo estalló.
Nos perdió la estética, nos creímos ganadores de una batalla absurda.
Algunas pensamos que aquello no tenía sentido.
Otras que no había otro camino.
Excusas para acciones que estaban planificadas. Sin orden judicial, con montajes mediáticos y policiales. Embistieron contra nosotros, tumbaron nuestras puertas ahora que estaban cerradas. Nos rodearon, nos expulsaron e identificaron.
La presencia policial se volvió todavía más invasiva, agresiva, violenta, testosterónica.
Cargaron contra nosotros. Los hicimos recular, los asustamos, nos asustaron, nos hicieron correr.
Fue un día largísimo, duro, agotador, excitante, estresante. Nos cargamos de rabia, nos reunimos y nos dispersamos. Volvimos a ser detenidos, agredidas, insultadas, atropellados.
Fuimos desalojados e identificadas. Nos robaron algunas calles y plazas. Marchamos en manifestación. Volvieron a cargar contra nosotros. Seguimos hablando, gritando, soñando, piqueteando.
Fuimos detenidos por secretas, engañados por secretas, fuimos violentados en las furgonetas de la Brigada Móbil de los Mossos d’Esquadra.
Algunos nos fuimos tristes, muchos enrabiados, otros alegres. Hicimos una demostración de fuerza, de movilización y, en parte, de organización. Dijimos basta, hasta aquí llegamos, aquí nos plantamos. Queremos echar raíces y crecer, queremos proponer, crear, continuar el camino, abrir otras veredas.
No nos leyeron nuestros derechos, no supimos donde estábamos, no pudimos llamar por teléfono. Los abogados sufríamos, no sabíamos cuantos éramos, cómo estaríamos, dónde estaríamos. Nos estaban torturando física y psicológicamente.
Al día siguiente, apenas sin descansar, sin poder digerir lo ocurrido, fuimos trasladados de la comisaría de Zona Franca a la de Les Corts. Nos concentramos a sus puertas, por solidaridad, por rabia, para aplaudir a los que salimos, para darles un abrazo, miles de besos y ánimos. Para consolar a nuestras madres y hermanas, para hablar con los abogados.
Salimos con moratones, con brazos rotos, llorando y con los puños en alto, con sonrisas cargadas de razones.
Por eso, por todo lo que callamos y hablamos, por lo que soñamos y peleamos. Porque hay mucho por hacer, porque ya hemos andado, porque está todo por ganar, por todo ello hoy no podemos estar aquí. Estamos (re)construyendo, (re)cargándonos de razones, volviéndonos a levantar, reuniéndonos en asamblea. Volvemos a tomar las plazas, volvemos a la calle y queremos encontraros a todos allí.

Salud y Huelga General. Juntes ho podem tot!

                                                                                                                         Barcelona, octubre de 2010.

sábado, 11 de septiembre de 2010

Juguetes rotos

Se nos rompió el amor de tanto usarlo. Quizá este podría haber sido el título de esta entrada. En todo caso, déjenme que les explique un cuento, que se lo cuente por el final, al revés y del revés, con la piel por dentro y el corazón por fuera, en las manos. Hablará la sangre, la que me hierve; la rabia, esa que me mantiene despierto, casi al límite del hartazgo. Que poco aguante tengo, al fin y al cabo. Es verdad, eso es cierto, yo no pasé una guerra, ni una posguerra ni una dictadura de cuarenta años que si los dices todos juntos, seguidos y en orden, parecen lo que fueron: muchos, demasiados, implacables. Tampoco viví los años del cambio político, no, no. Sólo los investigo, a ratos y a trozos. Y ahí vuelve a revolvérseme todo.
Porque, ¿saben? Yo tampoco he vivido conscientemente tantas huelgas generales. En realidad sólo la última, la del "decretazo", aquella que un tipo repeinado -Pío Cabanillas se llamaba- dijo que no existía porque él había podido comprar el periódico. Pero claro, es que ahora que me toca vivir otra, resulta que "es una gran putada". Una gran putada con tres meses de retraso, de preparación que diga. ¡Lo notan, lo sienten, la Huelga está presente! Una huelga que convocan otros tipos -estos no se repeinan, tienen que guardar ciertas apariencias-, unos que no se creen ya nada de lo que dicen porque cuando se lo creen les salen perlas como las anteriores. O como esa otra de que el PP no nos sacará de la crisis: ¿y quién lo hará? ¿Y a qué se refieren? A la derrota cultural que nos infligieron sus padres de despacho, esa en la que ellos ahondan con unos cuantos años de conciliación, de paz social, de apretarse el cinturón, de mirar para otro lado mientras brindan con aquello de "arriba, abajo, al centro y adentro". O de qué me están hablando. Porque, en parte, me hablan a mí también. Porque sí, porque yo me voy a sumar a la Huelga, a la mía y a la de tantos otros que queremos que no se quede ahí. A los que estamos hartos de tanta desmovilización, de tanta desorganización, de tanto mirar para otro lado también desde el nuestro.
Y lo voy a dejar aquí porque me vuelve a hervir todo. Y porque todo está por hacer y porque ya basta de palabras y porque hay mucho que decir.
Descansen En Paz cúpulas sindicales de mayoritarios sindicatos. Quédense tranquilos, no se muevan, recen, pidan al Dios que quieran. Porque, pase lo que pase el 29 de septiembre -pase lo que pase que parece que va a pasar- ustedes habrán ganado. Ganarán si fracasamos porque era una gran putada pero ustedes lo intentaron. Ganarán si tienen éxito porque era una gran putada y ustedes lo hicieron. Pero siempre habrá alguien que aceche a la sombra, siempre tendremos motivos, siempre seremos muchos y de nosotros dependerá ser muchos más

jueves, 2 de septiembre de 2010

¿sólo palabras?

Pues sí, tal que así empieza este texto. Llevo mucho tiempo a vueltas con estas cuestiones. Tenía otros títulos: algunos igual de contundentes, del tipo "de derrotas y otros menesteres", y otros algo más enigmáticos y apelando a lo emocional que, sin duda, para mí también es político. Se llamaba, y quizá se llamará en otro soporte y para otra ocasión, "Carta a Lucía: yo no quiero este mundo para ti y para los que quieras; tampoco para los que odies y para los que quizá nunca conozcas". Porque sí, porque pensaba en qué regalo hacerle a la niña que crece en el vientre de mi hermana. La que se llamará Lucía. Y se me ocurrió un día que podía intentar algo parecido a lo que me comentó un buen amigo que él, y otros como él, habían hecho para otra niña que iba a ver un mundo que quizá ellos tampoco querían para ella. Decidieron escribirle: darle palabras, emociones, pensamientos, ideas, anhelos, dudas, convencimientos y experiencias. Querían regalarle trozos de vida -de canciones, de sonrisas, de abrazos, de libros- que ella no había visto, ni oído, ni sentido, y que quizá podría hacer suyos, transformarlos, dándoles otra vida. Y en eso que me puse a escribir, pensando en mí tanto como en ella. Haciendo un esfuerzo por legarle no sólo incertezas, rabia o impotencia sino también sueños, quimeras, utopías. Ilusión al fin y al cabo. Unas ganas enormes pero que siento irresistiblemente preñadas de imposibilidades. De saber y conocer nuestro pasado, de ver y oler nuestro presente, de no poder tocar un futuro que va a ser más suyo que mío pero que va a tener más a ver conmigo que con ella. Y en ese punto me siento espectador cuando no consumidor. ¿Pero qué le voy a contar? ¿Qué puedo explicarle? Podría decirle que sentir la injusticia la va a hacer más viva, más despierta, más buena. Especialmente cuando ni siquiera le roce la piel, cuando esté tan lejos como está...