"desea el hombre una cosa, le parece un mundo,
luego que lo consigue, tan sólo es humo"

domingo, 11 de julio de 2010

Para Xavi

Xavi, lo que tú piensas también lo he pensado yo. Quizá entonces la diferencia, si queremos buscarla, está en otro lugar, quizá el verbo sería otro, quizá entonces lo complicaríamos más intentando hacerlo más inteligible. Quizá entonces debería decir(te) que lo que ocurre es que no lo siento, que no lo siento así, que no lo siento mío, que no lo puedo hacer mío porque no me siento partícipe. O quizá todo es miedo o cobardía. Puede ser que no quiera enfrentarme a estas cuestiones de una forma honesta y decidida, así como intento hacer con todo aquello que me rodea. Quizá en este punto me he dejado vencer antes de emprender una batalla que es, en primer lugar, personal, emocional, íntima, mía. Quizá es que soy cómplice. Entonces, ¿debería elegir? Entre qué, para qué. Quizá, entonces, es que me siento bien -ahora sí- instalado en la esquizofrenia, en la no adscripción, en la oposición, en la contradicción, en la duda: en el anti-todo pero haciendo nada. ¿Pero es que debo hacer algo al respecto? Porque, efectivamente, como tú dices, no estamos frente a un mundo que se acaba: son otros los mundos que se acaban, precisamente los que estuvimos a punto de tocar, los que hemos soñado, por los que tantos y tantas lucharon, rieron, festejaron, cantaron, sangraron, cayeron. No, Xavi, es otra la derrota cultural que estamos sufriendo -y claro, lo sabes bien porque, en parte, lo he aprendido de ti-, son otros los campos de batalla. No creo que éstos necesiten de senyeres o de rojigualdas, reconociéndote, por otra parte, que estoy seguro que me encontraría de lado y no de frente las primeras, en otras manos y no en las mías las segundas. En esa batalla sí me encontrarás, ojalá pueda librarla con gente como tú. Ayer no podía, no quería. Pero ay, fíjate, escúchame ahora que te quiero hablar bajito y con complicidad: clandestinamente seguía esa manifestación televisiva, televisada. Clandestinamente se me abrieron los ojos al ver a mucha gente que seguro estarían a mi lado en otras ocasiones, clandestinamente me alegraba al ver a aquellos que no querían ceder el protagonismo a los mediáticos. Pero no, Xavi, no me eché en falta ayer en la manifestación, como tampoco me voy a echar en falta hoy en unas hipotéticas celebraciones que nada tendrán de futboleras (¿o sí?) y mucho tendrán de politiqueras y alas darán a los fascistas, a los españolistas, a esos mismos que, de otro ropaje y otra guisa, con otro acento pero quizá con unas mismas referencias culturales que algunos de los que ayer asistían a la mani.
No sé Xavi, no lo sé. Quizá todavía no estoy vencido, quizá es maravilloso que siga contradictorio, encontrado, dudoso, miedoso, alegre y combativo como tanto me gusta decir y decirme. Y nos veremos en Mallorca y reiremos y discutiremos y volveremos a estar en un sitio que es tan cercano que por eso, a veces, necesitamos alejar los ojos para poder enfocar la vista. Un abrazo,
Ivan

sábado, 10 de julio de 2010

Yo no soy de esta tierra ni conozco a nadie

Comienza una siguiriya con estas palabras: "yo no soy de esta tierra ni conozco a nadie". Y así me siento un poco, así me defino hoy, ayer, quizá mañana, eso escuchaba ayer de la voz del gran Enrique Morente y del rasgueo de otro grande como Sabicas. Precisamente en el mismo momento que comenzaba a andar una inmensa riada humana que nutrió la gran manifestación que ayer tarde recorrió el centro de Barcelona. Honestamente me digo que no, que ésta no es mi manifestación, que nunca sentiría como mía una movilización colectiva que -en el estado actual de cosas, ni una coma fue movida del guión, no lo olvidemos- fuera teledirigida por grandes medios de comunicación, anunciada, inspirada, retransmitida en directo por la televisión pública, defendida, sostenida, vanagloriada por El Periódico o l'Avui, encabezada por, entre otros, aquellos que han marcado la agenda política de los últimos años, los que nos han impuesto esta democracia de baja intensidad, los que desactivaron los movimientos sociales transformadores, los discursos emancipadores, los proyectos de vida diferentes, por los que nos siguen desalojando centros sociales, por los que dirigen a los que nos golpean en las calles, los que detienen, concentran y deportan a inmigrantes, por los que nos han impuesto la factura de ésta y de las futuras crisis que nos vengan, por los que nos convocan a una huelga general en la que no creen, los que especulan con nuestras vidas, los que convierten nuestras ciudades en grandes escaparates uniformados y uniformizados, los del Hotel Vela, los del Palau de la Música, los de los Juegos Olímpicos de Invierno, los que hablan de privatizar la educación, el copago sanitario, los que imponen recortes sociales, los que quieren ser ministros, los homófobos, los integristas católicos, los que nos niegan la memoria, los que la legislan... Y claro, habían muchos otros, estaban muchos más, gente a la que quiero, a la que respeto, a los que considero compañeros de viaje, con los que puedo compartir sueños, proyectos, ideas, lado de trinchera, con los que he gritado, con los que me he indignado y he llorado. Pero no, amigos, compañeros, amantes, esta no es mi manifestación: os digo, me digo, con muchas contradicciones, preso de la esquizofrenia y los sentimientos enfrentados "yo no soy de esta tierra ni conozco a nadie". El nivel de hartazgo es alto, no puedo más, basta ya de banderas, de trapos, de mercadear conceptos e ideas: basta de rojas, azules, basta de Mundial de fútbol, basta de fascistas, de esencias, de dignidades nacionales, de tribunales caducados. Tampoc sóc d'eixe món.

domingo, 4 de julio de 2010

La Roja o la Azul

Sudáfrica, año 2010. Se está celebrando el Mundial de Fútbol. Se habla de las vuvuzelas, de las novias de los porteros, de un sueño cercano, de romper maleficios, gafes, injusticias, de un pueblo alzado, de una nación en movimiento, de una piña, de normalidad patria. ¿Pero es éste un país normal?, ¿es un país, una nación, un estado, un mojón? ¿Qué se supone que es el fútbol?, ¿expresión cultural, deporte sin más, burda excusa para lo que cada cual quiera, divertimento, frustración, emocionalidad clandestina, sentimientos encontrados, desafuero nacional, exabrupto made in Spain? Porque digo yo que no es normal que cuando oiga eso de la roja me venga a la mente que, teniendo en cuenta la bandera rojigualda que veo que luce en las gradas, en algunos balcones, en algunas camisetas, en el inicio de los partidos, en realidad, no sé si sería mejor hablar de la Azul, porque azul había sido el color de esta selección, porque azules, fríos, húmedos, oscuros, monocromos, violentos, brutales fueron cada uno de los más de 40 años de dictadura fascista, de los casi 500 meses de régimen fascista, de los casi 14.500 días de dictadura de clase. Porque de esos lodos vienen estos barros, porque fue un pueblo alzado, una nación en movimiento, una patria la que se levantó en aquel verano del 36 la que en noviembre de 1937 organizaba uno de los primeros partidos internacionales de la Nueva España contra, claro está, otra Nueva Nación en movimiento de esa Nueva Europa que articulaba un Nuevo Orden Mundial que se cagó en la madre que parió a un negro que corría como Dios y que se llamaba Jesse Owens, el mismo tipo que, cuando volvió a su amado país de la libertad, no dejó de ser otro negro de mierda con unas cuantas medallas de oro que relucían frente a las roñosas cadenas de los otros negros que poblaban aquella, también, Gran Nación. Pero hablaba de deporte, perdón, digo de fútbol. Contra Portugal se enfrentó España -media, un tercio, un trozo, ¿la que de verdad es?-, contra la de Oliveira Salazar, contra la dictadura hermana, hermana mayor, por eso, que ya llevaban los portugueses un tiempito en estas cosas. Y de rebote los angoleños, los de Cabo Verde, los de Guinea… ¿Porque digo yo que aquí también se hablaba de África, no?

Ahí perdió España, ¿la de quién?

Ahí ganó Portugal, ¿de quién era?

Y el otro día, a vueltas con lo mismo, ¿o es que no tiene nada que ver? España contra Portugal.

Ah, pero es que no iban de azul, iban de rojo. ¡Ay, historiador, historiador! ¡Que ya ha llovido mucho!

¿Y el himno? ¿Y contra Chile y, ayer, contra Paraguay, no iban de azul?

Pero son colores sin más.

Claro, como los de la bandera, que tiene sólo dos y no lleva tres. Y los colores y los trapos y las expresiones colectivas reflejadas en colores no son nada, ¿o sí?

Y todo esto, se preguntarán, a qué viene. Pero vaya, me da un poco lo mismo que se lo pregunten, porque soy yo quien me lo pregunto, aunque no sé si somos muchos que nos cuestionamos estas cosas y tengo curiosidad, la verdad. Porque pienso que quizá no es del todo normal que no quiera ver un partido de la selección en un bar, porque no me voy a sentir bien festejando un gol de Villa –que los marca todos el tío– al lado de unos tipos que sí, que llevarán una camiseta roja pero, en el lado del corazón tendrán un escudo Regio y llevarán capas, pareos, mantas de perro, camisolas, calcetines, marcapasos, cintas para el pelo, peinetas y demás merchandising con sólo dos colores. Que no digo yo que así en abstracto sean colores feos pero que juntos a mí, que quieren que les diga, pues me dan grimilla y repelús. Y digo yo que tampoco es normal que yo proclame a los cuatro vientos que no, que España –¿mande?– no debe ganar este mundial porque políticamente es una putada con la de mierda que nos está cayendo y nos estamos comiendo sin echarle ni sal, ni aceite ni mojarla al menos con un poquito de pan. Pero es que no juegan mal, aunque también piense que en la fase previa jugaron mejor y que en Sudáfrica todavía les falta un hervor. Y que bueno, que si eso, que sea el próximo partido el que pierdan y no el que en seguida voy a ver. Joder, pero es que se acaba el Mundial y con él los partidos. Y estos tipos se han metido ya en semis y Camacho sigue inflamado y ya lo tendrán que atar a la cabina de reporteros para que no siga ascendiendo como un globo de estos que sube al cielo y acaba tapándonos el sol y el juicio. Y, ostias, cuando marcan, pues grito eso de GOOOOOOOOL! Y cuando no pitan un penalti me cabreo con el árbitro y me cago en Del Bosque porque sigue alineando de primeras a Torres y le pido que saque a Navas en la segunda parte y…

Y qué hago, ¿cuelgo la tricolor cuando –si es que pasa– la Azul gane el Mundial?

Y lo que más me inquieta: ¿si la oficial fuese la tricolor y el símbolo patrio una señora agarrando el pelo a un león y mostrando uno de los pechos, colgaría algún trapo?, ¿estaría escribiendo estas chorradas?

Pues nada, lo acabo de decidir. Me dedico al Tour y luego, ya si eso, pues pondré la tele el 7 de julio a eso de las 8 y poco para ver qué echan en Telecinco.

sábado, 3 de julio de 2010

Historia del burka y la policía autónoma [autonómica] vasca

Era un día caluroso, de verano recién llegado, de solar violencia y repentina sensación de ahogo, de humedad mezclada con los gases contaminantes de una ciudad-escaparate. En un parque anónimo, cementeado, con los alcorques -que todo el mundo sabe que también son "chanclos de suela de corcho"- de los árboles repletos de mierda o de cemento o de corcho o de qué se yo qué cosas inventan nuestras autoridades municipales a través de empresas subcontratadas que subcontratan ETT's que subcontratan trabajadores para que se caguen en todos los muertos de los inmigrantes que no han perecido en el estrecho; bueno, allí mismo, en un banco se encuentran dos viejos amigos y se produce la conversación que sigue:
- Oye, ¿has visto que la ertzaintza lleva burka?
- ¿Cómo que lleva burka?
- Sí, sí, el otro día me lo dijo un colega y esta misma mañana lo hablé con mi madre. Que sí, hombre, que llevan burka, que se tapan.
- Pero qué me dices, qué me estás contando?
- Sí, sí, lo que yo te diga. Se tapan la cara y sólo se les ve los ojos.
- Joder, pues claro.
- Pues eso.
- Pero hombre, es para que no los identifiquen.
- Pues eso, que llevan burka y no se les distinguen las facciones.
- ¿Como las mujeres musulmanas?
- Como las mujeres musulmanas.
- Pero no es lo mismo.
- ¿Cómo que no es lo mismo?
- Pues no, porque éstos lo hacen para defender su integridad personal.
- Claro, como las mujeres musulmanas.
- ¿Como las mujeres musulmanas?
- Claro, como las mujeres musulmanas. Para defender su integridad personal del machismo imperante de sus sociedades de origen y de las sociedades receptoras. Pa que no las mate el marido, vamos. Pa que no las golpeen, las vejen, las insulten...
- ¿Como a los ertzaintzas?
- ¿Como a los ertzaintzas?
- Pues sí.
- Pues no.
- ¿Por qué?
- Pues porque estos llevan pistolas, placas, esposas, porras, Estado, Comunidad Autónoma, Consejería de Interior, impunidad, respeto, apoyo social, sindicatos, prensa...
- Pues eso, si al final tenía razón. Entonces no es lo mismo.
- Pues es verdad, no es lo mismo.

[Pd. Antes de producirse esta insólita reunión, esta normal conversación, antes incluso de que hiciera calor y de que apareciera en el Universo el mismo sol ambos colegas condenaron, preceptivamente, el terrorismo, todo tipo de violencia, la sopa de tomate que se hace pasar por gazpacho, las huelgas salvajes y los recortes estatutarios]

lunes, 14 de junio de 2010

seguidora?

Vaya, ¿qué sorpresa? Parece ser que este que es mi blog tiene una seguidora. Y no soy yo quien aventuro su identidad sexual, sólo me dejo llevar por esas pesadas herencias culturales -que pa qué cuestionarlas, ¿verdad?, si estamos hablando de lo que es normal, porque así fue toda la vida de Dios- que hacen que al ver una a finalizando un nombre propio, pues de una mujer sin duda estamos hablando. Pero, ¿y si no es eso?. Porque a ver, digo yo que si alguien ve el nombre con el que firmo también pensará lo mismo y sólo yo sabré lo equivocado, o equivocada, que está. Porque sin duda -uy, a lo mejor sí hay duda- soy un hombre. ¿Pero es por mis atributos físicos que lo soy, es por el rol que adopto, por la educación que recibí, por mi (des)orientación sexual? El otro día hablaba con una amiga y resulta que me comentaba sobre otra madre -resulta que ella también lo es- que le negaba a su hijo varón -creo que tenía muy pocos años- jugar con juguetes rosas o con cualquier cosa que fuera de ese color. ¡Atención! ¡¡¡Ya no es que discutamos los juguetes que se fabrican, venden, imponen a los niños y niñas de este fantástico primer mundo, sino que todavía estamos a vueltas con el azul para el niño y el rosa para la niña!!!

señales?

Ostias, ¿no se fijaron? Todas las entradas corresponden a un día 14. La primera del 14 de abril, lo que no es inocente y que, por otra parte, tiene una carga simbólica bastante potente. Por el día que fue y por aquello de iniciar ese día un blog por aburrimiento. Pero vaya, ahora estaba en eso de los días 14. La segunda entrada (y la tercera, que será ésta) corresponde a otro 14, esta vez de junio, exactamente dos meses después. ¿Significa algo eso? A mí, sinceramente, me da un poco igual. Total, esto va de discursos autorreferenciales, de escucharse uno a sí mismo para no sé qué hacer. Bueno, supongo que para ahorrarse los cuartos en terapias de grupo, libros de autoayuda o quien sabe qué otras horribles experiencias al uso. Bueno, que yo me iba. Hasta más ver...

febrilmente

Fíjense, ahora me acuerdo otra vez que tenía un blog. Bueno, eso es mucho decir. En un momento de cierto aburrimiento lo creé, ahí se quedó y ahí sigue. Hasta ahora, que he vuelto a recordar su existencia. ¿Aburrimiento otra vez? Pues no, esta vez es la fiebre, ese estado soñoliento y de cansancio generalizado que provoca. ¿Qué?, ¿qué querían algo más?, ¿algún sesudo comentario, una lúcida reflexión, un exabrupto divertido...? Pues no, ahora no hay tiempo. ¿Pero es que no ven la hora que es? Ya, si eso, otro día